sábado, 7 de enero de 2012

Capítulo 9





El Angel.


  —¿Puedo? — Carlisle preguntó mientras abría tímidamente la puerta de mi habitación.
Su voz aunque no fue más que un susurro, me sobresaltó. Me incorporé enseguida.
—Esto es nuevo — rió — Jamás pensé que te pillaría desprevenido.
Sonreí avergonzado. Habían pasado ya casi tres horas desde que había dejado a Bella con Jacob y pese a que intenté de todo para desterrar de mi cabeza la imagen del licántropo rodeando con sus brazos a mi novia, mi mente no había dejado de atormentarme ni un sólo segundo.
—Creo que estaba un poco abstraído — Admití.
Carlisle, sonrió y se sentó en el sofá junto a mi, acomodando los codos en sus piernas y posando la barbilla sobre sus dedos entrelazados.
—Pareces ansioso — Apuntó.
Torcí el gesto, pero no respondí.
—Estás preocupado por el visitante de Bella.
—La verdad es que en este momento hay otra cosa que me preocupa— suspiré— Pero gracias por recordármelo.
—¿Otra cosa? — Inquirió sorprendido haciendo caso omiso del sarcasmo en mi voz.
Volví a suspirar.
—Bella está en la Push ahora mismo.
—Entiendo — susurró tomando una de mis manos dándole un leve apretón para confortarme. — se muy bien el como te sientes, pero no olvides que ella te ama.
Asentí con la cabeza y él sonrió nuevamente. Jamás entendí el cómo lo hacía, pero de un modo u otro, Carlisle siempre encontraba las palabras precisas que yo necesitaba oír para calmarme.
Yo sabía que él tenia razón, Bella me amaba, no había dudas. Pero en el fondo de mi cabeza había una voz que no se cansaba de recordarme el que ella amaba también al licántropo.
Suspiré.
—Supongo que no es el mejor momento para que hablemos. — dijo incorporándose —Te dejo para que...
—¡No!— Le interrumpí tomándole del brazo— la verdad es que prefiero que hablemos, necesito... ¿distraerme?
Me miró con dulzura. Luego se sentó nuevamente y acomodó con los dedos su cabello hacia atrás.
Hizo una pausa larga, como si tratase de encontrar el modo de comenzar. Sus pensamientos no llegaron a mi cabeza. Me esforcé por encontrar aunque fuese una imagen, o un susurro, pero nada ocurrió. Abrí los ojos por la sorpresa y el sonrió abiertamente. Era obvio que él había encontrado un modo de proteger su mente de mí.
—No lo entiendo — dije medio aturdido— Pero ¿como?
—¿Confundido?
Eso es quedarse corto admití — ¿Cómo lo haces?
Carlisle suspiró.
— Yo no he hecho nada más que pensar.
—Pero...
— ¿Recuerdas el ángel que me mostraste hace unos días?
—¿El que me dio la niña?
— Yo vi dibujos de ese ángel en el pasado — Suspiró — en el tiempo que pasé con Aro.
— ¿Con Aro?
Parecía un idiota repitiendo lo que él decía, pero no tenía ni la menor idea de a donde quería llegar. Jamás había tenido problemas para leer la mente de Carlisle. No poder hacerlo, me aturdía.
Él, se quedó en silencio unos momentos dejando que sus palabras se asentaran en mí, supuse que para que las digiriera. Me sentí mareado, como si mi mente estuviese sumergida en una especie de neblina densa que no era capaz de disipar. En un segundo de delirio, recordé a Alice hace un tiempo, cuando las visiones de mi futuro se veían en su cabeza como un canal mal sintonizado. Ahora comprendo el por qué de su frustración.
— Jamás pensé que tendría una figura como esa en mis manos. — Musitó para si mismo.
—No estoy entendiendo nada.
Suspiró.
—¿Recuerdas que te hablé de una leyenda?, ¿de la obsesión de Aro en ella? Pues me parece que este es un buen momento para contártela.
Sabes que los Vulturis son estrictos en hacer cumplir la ley. Pero, ¿te has preguntado el por qué?, ¿te has preguntado de donde nació la necesidad de ocultarnos de los humanos? Ciertamente, no es por temor a ellos. Los humanos no tendrían oportunidad alguna de dañarnos si los de nuestra especie nos revelásemos. Sería muy simple dominarles y comenzar a criarlos como si fuesen ganado para alimentarnos, tal y como lo hacen ellos con sus reses.
— ¿Me estás diciendo que hay algo más poderoso que nosotros?, algo que podría llegar a destruirnos a todos?— inquirí escéptico — ¿algo a lo que los Vulturis temen?
Carlisle sólo se limitó a asentir con la cabeza mientras me miraba fijamente a los ojos.
— Entiendo... pero ¿como se relaciona eso con la niña y el ángel que me entregó?
— Durante toda mi estadía en Volterra, estuve ayudando a Aro con sus investigaciones. Pero la leyenda se remonta a tiempos tan remotos, que nadie sabe a ciencia cierta el cómo fue que comenzó todo. Fue un trabajo arduo el recopilar información y más aun, el ordenarla y darle un sentido. Era como si tuviésemos millones de fragmentos de una enorme pieza de porcelana que debíamos reparar, pero sin saber la forma que tenía originalmente y sin saber tampoco si realmente teníamos todos los trozos que la conformaban.
El tiempo había hecho lo suyo, por supuesto, algunos detalles se habían perdido y varias fantasías fueron añadidas. Pese a eso, logramos ordenar todos los elementos de tal modo que, si bien es cierto la historia no estaba completa, al menos pudimos entender la esencia de ella.
Ahora que lo pienso, creo que no fue una coincidencia el que Aro me hiciese participe de su investigación — dijo casi para si mismo — Mi padre era clérigo, mi vida entera había girado en torno al estudio de la biblia— su voz se iba apagando cada vez más, llegando a ser no más que un leve susurro.
— ¿Cómo estás haciendo eso? — le pregunté molesto. — No puedo oír nada de lo que estás pensando.
— Eso es parte de la leyenda también— respondió sin prestarme atención.
Esperé a que continuara, pero no lo hizo. Tenía la mirada perdida, era obvio que se había encendido un farol en su cabeza, la pregunta era ¿acerca de qué? Mientras los minutos pasaban, mi ansiedad iba creciendo. Si yo hubiese sido un hombre humano, creo que estaría sufriendo de un dolor de cabeza descomunal. Sentí ganas de tomar a Carlisle por los hombros y obligarle a que me hablara... pero yo no haría eso, — suspiré — no a Carlisle... por supuesto que no.
Antes de que mi voluntad se esfumara y mi cabeza estallara, me levanté y caminé hacia el armario. Extraje la caja de madera en que guardaba mis pequeños tesoros y volví a sentarme en la cama acomodándola sobre mis piernas.
Carlisle levanto la mirada al fin y continuó con su relato, tal y como si nunca hubiese hecho una pausa.
— Cuando Dios creó el mundo, puso sobre la tierra a un hombre y una mujer.
— Adán y Eva — Apunté casi como un reflejo.
— Adán y Lillit — Corrigió él con una sonrisa.
Me sorprendí. Si bien, mi conocimiento de la biblia era tan limitado como el de cualquiera que se decía Cristiano pero que no asistía a la iglesia, no recordaba haber oído jamás el nombre de Adán unido al de otra mujer más que al de Eva.
— Lillit fue, por así decirlo, la primera pareja de Adán.— me aclaró — Se dice que Dios la hizo de barro, tal y como lo hizo a él.
Se dice también, que Adán era un hombre obediente, cariñoso y agradecido de Dios y de su obra, por lo que Dios lo convirtió en su favorito de entre todas las criaturas que deambulaban por la tierra.
Lillit se fue volviendo celosa de la relación entre ellos, intentaba congraciarse con el creador de diferentes modos, pero Dios sabía que las intenciones de Lillit eran todo, menos sinceras.
Con el paso del tiempo, mientras Adán iba aprendiendo del amor, la bondad, la empatía, la ternura y la compasión, Lillit iba aprendiendo de la envidia, el rencor, el orgullo y la crueldad. Pronto llegaron a convertirse en dos seres totalmente antagónicos y con eso, la convivencia entre ellos se fue haciendo cada vez más difícil.
Una noche, mientras Adán y Lillit se entregaban al amor físico, ella se sintió menospreciada y ofendida por la postura de sumisión que debía adoptar.
— ¿Por qué debo ser yo la que está por debajo de ti? — Le preguntó a Adán con los ojos cargados de rencor. — Fuimos hechos de la misma tierra, por lo tanto, somos iguales ¿por qué te sientes superior a mí?, ¿por qué intentas someterme a tu voluntad?, ¿ por qué me utilizas para tu propio placer?
Adán, que no conocía ni guardaba en su corazón ni un ápice de mezquindad o rencor, no lograba comprender lo que Lillit le estaba diciendo. Se limitó a mirarla por un segundo largo, luego la apretó fuertemente contra su cuerpo.
Cuando finalmente logró encontrar la voz que había perdido por la sorpresa, Adán esbozó la más simple pero vital de las preguntas.
— ¿No eres feliz Lillit?
Lillit se deshizo de los brazos de Adán arrojándolo a un costado. Luego de ello, comenzó a reír. No era una risa de felicidad en absoluto. Adán entendió. La risa de Lillit era algo que él jamás había oído. Se parecía más al sonido de las hienas cuando lograban por fin atrapar a su presa, o al sonido de las piedras cuando se parten en dos... Eso era, El sonido de la risa de Lillit era como si millones de piedras se estuviesen partiendo al mismo tiempo.
Poco a poco, la risa de Lillit se fue haciendo cada vez más fuerte, tanto, que Adán tuvo que llevarse las manos a los oídos para no escuchar. La risa de Lillit le dolía, y el dolor era algo que él jamás había sentido.
— ¿Tu me hablas de felicidad?— Chilló ella, con una voz que Adán hubiese creído era imposible que saliese de la garganta de su compañera... de su amor. — ¿Cómo podría yo ser feliz si tú te sientes superior a mi? —chilló— Ambos somos barro, barro y marionetas de ese al que adoras.
Adán, se enfureció al oír esas palabras y quiso castigar a Lillit por pronunciarlas, pero no pudo hacerlo. Él era un ser puro y noble, la ira era un sentimiento demasiado confuso para él... demasiado aterrador.
No está claro el cómo Lillit fue expulsada del lado de Adán, hay quienes dicen que fue el mismo Dios quien lo hizo y otros, que ella se fue al destierro por iniciativa propia. El caso es que Lillit se asentó junto al mar rojo, en donde se cree que vivían también varios demonios, ángeles y arcángeles desertores y renegados.
Carlisle hizo una pausa mientras me miraba fijamente a los ojos.
Los ojos de Carlisle siempre me parecieron hermosos, eran de un dorado tan intenso, que parecían dos joyas de oro recién pulido. Me quedé absorto mientras los miraba. Por supuesto que yo los había visto mil veces en el pasado, pero creo que jamás me había detenido a estudiarlos con tanta atención.
Los ojos de Carlisle eran hipnóticos, no tan sólo por su belleza, entendí, eran hipnóticos por su pureza. Un viejo adagio humano dice que “Los ojos son la puerta del alma”. Es cierto que yo estaba convencido de que los vampiros no teníamos alma, pero si había algo que podía hacerme dudar de esa convicción, era mirar los ojos de mi padre, porque tras ese dorado intenso, yo podía ver perfectamente el reflejo del interior más cálido y confortable que alguien pudiese imaginar.
—¿Qué pasó con Adán? — Pregunté saliendo de mi ensoñación.
— Adán estaba destruido — Dijo Carlisle con una voz que encerraba un “por supuesto” — él sentía que sin una compañera, una igual, no tenía ninguna razón para seguir existiendo.
— El ciervo y el conejo tienen a sus pares — Adán dijo a Dios una tarde — cada ave, cada pez, cada insecto tiene a su par. Yo estoy completamente solo...
— Crearé una hembra para ti — Dios ofreció a su hijo —Y tú no seras más un hombre solitario.
Dios decidió hacer una compañera para Adán. Pero él sabía que Adán no amaría a ninguna otra como amaba a Lillit, ya que ellos habían estado mucho tiempo juntos y habían compartido demasiadas cosas. Hubiese sido muy injusto para la nueva compañera, el tener que competir eternamente con el recuerdo de Lillit.
Fue así como decidió hacer a Eva de la carne de Adán.
—Una costilla — Apunté.
Carlisle me dio una sonrisa de aprobación, como la que dan los padres a los hijos que han calificado bien en un examen, o que han respondido correctamente a una pregunta demasiado avanzada para su edad.
Me sentí ridículo, pero aun no sabía a donde quería llevarme Carlisle con su historia. Sin la guía de sus pensamientos, yo era un cero a la izquierda. Jamás me había sentido tan perdido, ni tan... ¿normal?
Es cierto que el tener a las personas a mi alrededor susurrando sus intimidades directamente a mi cabeza era irritante la mayoría de las veces, pero el escuchar pensamientos era tan parte de mí como mi propia personalidad. Yo sólo había encontrado una mente silenciosa a lo largo de toda mi existencia, y el cielo sabe que yo lo agradecía... Bueno.... Casi siempre.
—Dios pensó que el único modo de hacer que Adán olvidara definitivamente a Lillit, era ofreciéndole una compañera que fuese una parte de él mismo.— continuó Carlisle — En fin, el resto de esa historia tu ya la conoces — Sonrió. — pero supongo que te intriga más la historia del ángel.
Asentí.
— Como ya te dije, Lillit vivió por mucho tiempo a orillas del mar rojo, junto a los a los desertores del plan de Dios.
Estos renegados se encontraron, siglos más tarde, con que los hijos de Adán habían llegado a poblar gran parte del planeta. Esto los enfureció. No sólo porque Dios había dado al ser humano la capacidad de reinar por sobre todas las criaturas, si no también, porque les había concedido la facultad de procrear, de reproducirse entre si.
La historia da un salto desde ahí. Nadie sabe el como ni el porqué pero Lillit logró engendrar una hija a la que llamó Maró. La huella de Maró se perdió. Solo se sabe que cuando ella nació, Lillit fue a implorar la ayuda de Dios para protegerla y, por supuesto, Dios le ayudo.
Con el tiempo, los demonios encontraron el modo de infectar a los humanos de su maldad convirtiéndoles en roca y entregándoles el don de vivir eternamente.
—Vampiros — susurré tan inmerso en la historia de Carlisle, que el sonido de mi voz me sobresaltó.
—Si — Carlisle asintió — Vampiros.
—Pero... yo nunca...
—Son muy pocas las personas que conocen esta historia — suspiró — casi todas relacionadas con Aro.
Como ya sabes, los vampiros tuvieron que alimentarse de la especie a la que ellos mismos habían pertenecido alguna vez. Esto, sumado a las enfermedades, hizo que la población humana mermara considerablemente. Fue entonces cuando Maró reapareció en la historia. Ya te he dicho que ésta no está completa, pero se sabe que Maró vago durante algunos siglos buscando seres lo suficientemente fuertes como para enfrentar a los vampiros y vencerles en una batalla.
Ella logró reclutar un ejercito de cien soldados todos con un denominador en común. Eran descendientes de los demonios originales.
Maró entregó a cada uno de sus soldados una figura de metal con forma de Ángel la que estaba bendecida por el propio Dios. — Carlisle miró la figura que tenía entre sus manos. Aunque su expresión era neutra, yo podía notar cierto aire de reverencia el él.
Cada uno de estos ángeles — Dijo extendiendo la figura hacia mi — es poseedor de una pequeña parte del poder de Dios. Pero el secreto para convocar ese poder, permanece oculto en la mente de sus dueños originales. — Carlisle rió, pero fue más bien una carcajada corta, triste, melancólica — Nunca imaginé que tan oculto estaba ese poder hasta que me di cuenta que tu no podías leer mi mente en cuanto yo comenzaba a pensar en la figura.
En fin — Carlisle continuó — Los Dhampirs, que era el nombre que tenían los miembros del ejercito de Maro, cazaron y mataron a los vampiros durante más de un siglo. Y los hubiesen destruido a todos, si Maró no se hubiese enamorado de un vampiro llamado Shedim. Y es esta, la parte más importante de esta historia.
Ambos Maró y Shedim lograron hacer un trato con Dios. El trato consistió en que los vampiros y todos los seres que tuviesen una naturaleza diferente a los humanos podrían poblar el planeta, siempre y cuando, los seres humanos no se enteraran jamás de su existencia. En caso de que este trato se rompiera, serían los Dhampirs, utilizando la fuerza de Dios, los que eliminarían a las criaturas para siempre. No habría perdón ni tregua ante esta destrucción.
        — Es por eso que Aro es tan estricto en hacer cumplir la ley — reflexioné en voz alta — Es por eso que se ha encargado de destruir a los niños de la luna también.
        Cada parte de la historia que me estaba contando Carlisle, era como una pieza de rompecabezas que se iba encajando en mi cabeza, formando una imagen completa. Pero había algo que no encajaba para nada en esa imagen, algo a lo que yo no le encontraba ningún sentido.
        — Hay algo que no encaja — apunté — ¿qué hacía la niña de Volterra con esa figura? Y más importante que eso ¿por qué me la entregó?
Carlisle lo medito por un momento y luego suspiró con frustración.
—Eso es un misterio para mi también — se quejó — pero hay algo que se te está escapando.
Lo pensé por un momento pero mi cabeza era un nudo. Sentía como si mis ideas fuesen una madeja con la que había estado jugando un gato. Nada parecía tener mucho sentido.
— Aro está obsesionado con esas figuras, ¿no te has preguntado el por qué?
—La verdad en que no estoy en posición de preguntarme nada — sonreí frustrado — estoy en una especie de shock.
—Si Aro logra encontrar todas o al menos parte de estas figuras, y encuentra la forma de utilizarlas, tendrá una parte del poder de Dios en sus manos. Eso lo haría prácticamente invencible.
—No existirían las reglas — dije horrorizado — se revocaría la ley y se generaría el caos. Los humanos no tendrían oportunidad de...
—Mi voz se llenó de horror. Si Aro lograra obtener ese poder, sería el fin de...— Pero yo soy un vampiro — dije interrumpiendo el hilo de mis propios pensamientos —La niña me entrego la figura sabiendo que yo era un...
El teléfono vibró en mi bolsillo justo en ese momento trayéndome bruscamente a la realidad. Miré hacia el bosque, tras la ventana y noté que la noche había caído, al parecer, hace bastante tiempo ya.
Contesté esperanzado en que la voz de Bella me entregaría el alivio que necesitaba. Pero en vez de eso, la voz al teléfono me trajo más angustia de la que pensé que podría soportar.
— Chup... Edward — comenzó el licántropo mientras se me caía el estomago al piso.
—Me levanté de golpe y como un rayo salí al patio sin preocuparme de que Carlisle corría tras de mi asustado por mi reacción.
— ¿Bella está herida?, Si está herida te juro que desgarraré tu garganta no sin antes pulverizar cada uno de los huesos que tienes en el cuerpo, perro — Gruñí imaginando el como lo destriparía lentamente hasta convertirle en una masa amorfa e inservible.
— ¿eh? No, no — se apresuró a decir el licántropo con cierto toque de humor en la voz — Bella está perfectamente, sólo está dormida.— rió — aunque me encantaría ver el cómo intentas cumplir tu amenaza — dijo en un tono mucho más hosco.
Cerré los ojos e inspiré con fuerza para calmarme. Bella estaba bien, eso era lo importante.
—no eres tan pacifista como ella piensa... ¿a que no?
—No presiones, Chucho — magullé.
—Vale, vale ya tendremos tiempo para arrancarnos las cabezas — Jacob bromeó — la estoy llevando a la la linea ahora, estaremos ahí en unos veinte minutos, a menos que ella decida pasar la noche conmigo — antes de que yo pudiese contestar él cortó la comunicación.
—¿Problemas? — Carlisle preguntó.
—No — Respondí — sólo un perro intentando ser gracioso.
Mientras conducía a recoger a Bella, la historia que me había contado Carlisle daba vueltas en mi cabeza, hasta que decidí que suficientes problemas tenía ya en el presente como para estar preocupándome por un futuro que ni siquiera sabía si llegaría. Carlisle y yo habíamos acordado volver al tema más adelante, por lo que archive a la niña y su ángel en un cajón en mi interior esperando ser abierto el día y a la hora en que fuese realmente necesario.
Me bajé del auto en cuanto llegué. La ansiedad me estaba carcomiendo por dentro. Busque a mi alrededor cualquier señal que me indicase algún peligro para Bella. Es cierto que ella tendría que caminar sola no más que unos cuantos metros, pero unos cuantos metros podían significar mucho a la hora de un ataque sorpresa. Me estaba pasando de la raya en mi aprensión, lo sé, pero la sola idea de que Bella pudiese resultar dañada por un error mío, me resultaba insoportable.
Esme había pasado la tarde vigilando la casa de Charlie, y al parecer, no había tenido señal alguna del visitante de Bella. Pero yo sabía lo hábil e impredecible que podía resultar el ataque de un vampiro... No podía dejar nada al azar, absolutamente nada.
Bella tardó un momento en abandonar el auto del licántropo, lo suficiente para hacer que se desatara una tormenta de ansiedad dentro de mi. Era extraño, pero en cuanto pensaba que mi ansiedad había llegado al límite, simplemente, esta se superaba a si misma.
Cada paso que ella daba en mi dirección, era como un bálsamo que se extendía a lo largo de mi espina dorsal, calmándome. Cuando al fin llegó a mis brazos, sentí que se me doblaban las piernas por puro alivio.
—Bella — susurre mientras la abrazaba.
Sentí como si de pronto una parte de mi que estaba perdida hubiese sido encajada de golpe en su lugar. Sin Bella, yo me sentía perdido, incompleto.
—Hola. — ella saludó — Siento llegar tan tarde. Me quedé dormida y...
—Lo se.— le interrumpí — Jacob me lo explicó.
No se si fue una reacción a la angustia que había sentido mientras ella estaba lejos de mi, o si era el eco de mis celos exigiendo que me la llevase lejos del licántropo. EL caso es que yo no necesitaba una explicación en ese momento. Lo que yo realmente quería era llevármela a un lugar seguro.
Mientras nos acercábamos al auto, noté que se tambaleaba de un lado a otro por el sueño. Me recordó a un cachorrito, de esos que salen por primera vez a caminar y van dando tumbos de un lado a otro sin poder controlar los músculos de sus pequeñas patas.
— ¿Estas cansada? Puedo llevarte en brazos.— Le ofrecí.
—Estoy bien.
—Voy a llevarte a casa para acostarte. ¿Te lo has pasado bien?
—Si ha sido sorprendente, Edward. Me habría gustado que hubieras venido. No encuentro palabras para explicarlo. El padre de Jake nos contó las viejas leyendas y fue algo… algo mágico.
—Ya me lo contaras, pero después de que hayas dormido.
—No me acordaré de todo — dijo entre un bostezo largo.
Definitivamente, ella era como un cachorrito.
Dejé a Bella en su casa, suponiendo que no tardaría demasiado en acostarse y caer en un sueño profundo. Yo volví a la mía, dejé mi auto y corrí hacia el bosque en busca de algúna gentil criatura que me proveyera de un poco de sangre.
En general, odiaba tener que alimentarme de presas pequeñas, pero el tiempo era escaso y después de todo,no hacía demasiados días desde mi ultima salida de caza. Simplemente habíamos acordado con Carlisle, que lo mejor era estar bien nutridos, por si el visitante de Bella se presentaba y se desataba la lucha.
Esme me esperaba en el borde norte de la casa de Bella. Junto a ella, me esperaba también Jacob Black.
—No era necesario el que vinieses — le dije al licántropo — esto no tiene nada que ver con ustedes. Podemos apañárnosla solos.
Un vampiro asechando a humanos es nuestro problema — replicó Jacob — es nuestro deber y nuestro derecho el velar por el bien de las personas, para eso es que fuimos hechos.
Me quedé mirándole. Supe enseguida que Jacob estaba obrando por iniciativa propia. Él estaba aquí con el fin de proteger a Bella, él estaba aquí porque amaba a Bella, él estaba dispuesto a entregar su vida para proteger la de ella. Supe entonces que había estado equivocado todo el tiempo.
Había pasado meses intentando alejar a Bella de Jacob pensando en protegerla, cuando era evidente que Jacob hubiese entregado gustoso su vida a cambio de la de ella. Este descubrimiento me golpeó como una bola de demolición. Si bien es cierto, yo no me convertiría jamás en un fan del perro, esto cambiaba drásticamente mi impresión de él.
Jacob Black hubiese sido una buena alternativa para Bella, comprendí, si yo hubiese tenido un corazón, este se habría recogido dentro de mi pecho.
Asentí con la cabeza, sosteniendo su mirada.
—Gracias.— le dije, esperando que él comprendiera la intensidad con la que decía esa simple palabra.
Esme se acercó para tomar mi mano. Le dio un leve apretón para confortarme y luego se dirigió al licántropo.
—Todos te estamos agradecidos — dijo dedicándole una sonrisa — Jasper vendrá a relevarte por la mañana.
Jacob asintió hacia ella y sin más comentarios, Esme se perdió en la espesura del bosque.
—Ella te espera — dijo con ironía el licántropo señalando con su barbilla la ventana de la habitación de Bella. — Yo velaré su sueño desde aquí.
Gracias — Repetí.
—No lo hago por ti, lo sabes ¿verdad?
—Lo sé— admití — pero eso no quita el que te este agradecido.
—Vale — dijo él secamente — ahorrarte los agradecimientos y ve con ella antes de que se congele. Aunque... — levanto una seja mientras destilaba ácido en la voz — no es que vallas a proporcionarle mucho calor ¿verdad?
—Me giré y subí al lado de Bella. Todo buen pensamiento acerca del licántropo se había esfumado de pronto.
—¿Está Jacob ahí fuera? — Ella me preguntó en cuanto la tuve entre mis brazos
—Sí, en alguna parte. Y Esme va de camino a casa.
suspiró
—Hace mucho frío y caen chuzos de punta.— protestó — Esto es una tontería.
Reí.
Era fácil para ella olvidar que era el punto frágil en todo esto.
—Sólo tú tienes frío, Bella.— le recordé.
Ella gimió.
Tal y como lo había predicho, Bella no tardó demasiado en caer en un sueño profundo. Mientras disfrutaba de su respiración acompasada y del sonido de los latidos de su corazón, mi cabeza giraba en torno a todos los acontecimientos de aquel día. En primer lugar, la historia de Carlisle había logrado cambiar mi percepción acerca de cosas que yo había dado por sentadas durante un siglo entero.
En segundo lugar, Jacob Black me había dado más de él de lo que yo hubiese querido saber jamás. Si bien, es cierto que yo sabía que él había estado protegiendo a Bella durante mis días de ausencia, creo que hubiese preferido el que sus motivos fuesen un poco más mezquinos que un amor puro e incondicional. Y Por ultimo, el silencio del visitante de Bella me estaba volviendo loco. ¿Cuales eran las reales intenciones del vampiro? Y más importante aun ¿como podría yo adelantarme para frustrar cualquier ataque si no estaba seguro si este realmente se produciría alguna vez?. Si sumamos esto, a todos los problemas que tenía desde antes, como la inminente transformación de Bella, el alejamiento de su familia, la perdida de su alma y su humanidad... Bueno, era una suerte el que yo no necesitase el dormir, si no fuese de este modo, tendría que agregar a esta lista un terrible problema de insomnio.
Mientras dejaba que mis ojos bagaran ociosamente por el cuarto , un objeto llamó fuertemente mi atención. El libro descansaba sobre la mesa de noche con sus cubiertas raídas y su empaste desvencijado por haber sido leído demasiadas veces.
Lo tomé con la esperanza de que la Inglaterra de principios de siglo, lograse distraerme un poco.
La historia del egoísmo de Catalina y la maldad de Heathcliff era tal y como la recordaba. Pero algo había cambiado en mi desde la ultima vez que yo había leído ese libro, por lo que mi percepción de él había cambiado también.
Si alguien, hace unos meses en el pasado me hubiese dicho que yo congeniaría con algún aspecto de la personalidad de Heathcliff, le hubiese hecho tragar sus palabras. Hoy, simplemente hubiese encogido los hombros y no hubiese tenido argumentos para rebatir. Si bien, Heathcliff era una persona horrible, habían ciertas cosas en él que no podía dejar de admirar.
Me perdí en la lectura hasta que llegué a una pregunta que me sobresalto. El pasaje era el de Heathcliff mientras discutía con Elena.
— ¿Crees que mi cariño a Catalina es comparable con el suyo? — Preguntaba él.
Suspiré y sin darme tiempo a pensar, continué con el pasaje.
— ¿Crees que Catalina sufriría mucho si perdiese a su marido? Sólo me contiene el temor de la pena que ello pudiera causarle. Y ahí es donde se puede ver la diferencia entre nuestros sentimientos: si
él estuviera en mi lugar y yo en el suyo, aunque le aborreciera con un odio
que convirtiera mi vida en hiel, nunca habría levantado la mano contra él.
¡Puedes poner cara de incredulidad si quieres! Yo nunca podría haberle
apartado de ella, al menos mientras ella lo hubiera querido así. Mas en el
momento en que perdiera su estima, ¡le habría arrancado el corazón y me
habría bebido su sangre! Sin embargo, hasta entonces, y si no me crees es
que no me conoces, hasta entonces, ¡preferiría morir con certeza antes que
tocarle un solo pelo de la cabeza!...
Desvié mis ojos del libro abrumado por lo cierto de las palabras de Heathcliff. Yo había sentido en ocasiones, el deseo casi incontenible de tomar a Jacob por el cuello y retorcerlo hasta arrebatarle el último aliento de vida. La diferencia entre Heathcliff y yo era que Catalina no era comparable a Bella en ningún sentido. Ella no quería a Jacob por motivos egoístas, ella le quería porque él era un ser puro, y más noble de lo que yo podía soportar. Yo no podría hacer daño a Jacob, entendí... yo jamás podría hacer daño a alguien que amaba de ese modo a Bella.
—...Mi existencia se resumiría en dos frases: condenación y muerte. La existencia sin ella sería un infierno.— leí en voz baja para mí.
En ese momento, Bella enterró su cara en mi pecho casi con urgencia. Me pregunté cuanto de lo que dije ella había escuchado.
—¿Te he despertado? —murmuré dejando caer el libro al suelo para rodearla con mis brazos.
Hasta ese momento no había notado que su respiración estaba agitada.
—No — suspiró acomodándose aun más cerca de mi —. He tenido un mal sueño.
—¿Quieres contármelo?
Negó con la cara aun enterrada en mi pecho.
—Estoy muy cansada. Quizá mañana por la mañana..., si me acuerdo.
Reí por el alivio. Si ella hubiese estado escuchando, no sabía el cómo se lo hubiese explicado.
—Por la mañana — susurré besándole la coronilla.
—¿Qué estás leyendo? —preguntó con curiosa.
—Cumbres borrascosas — admití.
—Creía que no te gustaba ese libro.
Encogí los hombros con desdén
—Lo has dejado aquí olvidado — susurré—. Además, cuanto más tiempo paso contigo, mejor comprendo las emociones humanas. Estoy descubriendo que simpatizo con Heathcliff de un modo que antes no creí posible.
—Aja — Musitó al borde de la inconsciencia.
— Duerme amor mío — susurré — Si él te amase con toda la fuerza de su alma mezquina, no te amaría en ochenta años tanto como yo en un día. — Cité mientras ella caía dormida.
No despegué los ojos de su rostro ni un segundo durante el resto de la noche mientras intentaba adivinar el como iban sus sueños. Al parecer, la pesadilla no volvió. Mientras la noche se iba, me regocijé disfrutando los colores del amanecer en las curvas de sus mejillas y en el arco de su mandíbula ¿podía yo ser más feliz o más afortunado?.. Lo dudaba.
Intenté que me contara su pesadilla en cuanto se despertó, pero ella no pudo recordarla. Yo pude imaginar el por donde iba. Un vampiro al asecho, ciertamente, era algo de pesadilla.
La besé con un poco más de pasión de la que acostumbraba antes de ir por mi coche y encontrarme con Jazz, quien ya había relevado a Jacob de su turno.
La noche había pasado sin que el visitante de Bella diese una sola señal. Me pregunté cuando y como este silencio finalmente terminaría.





jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 8 " Terror "




Jacob, no tardaría demasiado en llegar. Decidí que lo más prudente y seguro para ambos, era el que yo no estuviese en la casa mientras él reconocía el olor del intruso. Es cierto que los dos estábamos dispuestos a renunciar a nuestras rivalidades centrando todos nuestros esfuerzos en la protección y seguridad de Bella, pero no había razón para forzar las cosas. Yo, me sentía perfectamente capaz de controlar mi naturaleza de vampiro, pero no estaba del todo seguro con respecto al licántropo y no pensaba experimentar en frente de ella.

Bella apretó los labios y puso cara de pocos amigos cuando le conté mi decisión.

—No es que sienta ningún tipo de antagonismo hacia él, Bella, que de este modo resulta más sencillo para los dos — le expliqué—. Yo permaneceré cerca y tú estarás a salvo.

—No es eso lo que me preocupa. — Me aclaró cruzando los brazos sobre su pecho y frunciendo el ceño.

En aquel momento se me ocurrió una idea. Sé que era una niñería, algo absolutamente irracional, pero prefería tomarme el momento con un poco de humor, y si de paso mi travesura lograba molestar a Jacob Black, buenoMuchísimo mejor.

Estreché a Bella con fuerza y enterré la cara en sus cabellos. Luego de inspirar su aroma hasta llenarme los plumones, expiré dejando que mi aliento se extendiera por cada uno de los mechones de su pelo.

—Regresaré pronto — Prometí acariciando su mejilla con el pulgar.

Me reí de mí mismo, porque aun en aquel momento de tensión y temor, mi cabeza fantaseaba con la expresión que pondría Jacob cuando su nariz ardiera en llamas al estar cerca de ella.

— ¿Qué es tan divertido? — Me preguntó, entre perpleja y confundida.

Sin responder volví a acariciar su mejilla con los dedos, le sonreí y giré sobre mi mismo para correr hacia el bosque.

Tan pronto como crucé los primeros árboles, me abandonó el buen humor y volvió a presentarse el dolor, la inseguridad, el temor y aunque intentaba ocultarlo, incluso de mi mismovolvieron también los celos.

El viento soplaba con fuerza, haciendo que las ramas chocaran unas contra otras. El sol, oculto entre las nubes, emitía una luz sutil e intermitente. Mientras las hojas caían al suelo, las copas de los árboles producían un ruido similar al de una bestia que lucha por salir de su cubil.

Caminé durante un buen rato apoyándome en los gruesos troncos de los árboles, concentrándome en cómo se sentía su textura rugosa en las palmas de mis manos. Necesitaba distraerme, abortar de mi cerebro la ansiedad que me escocía, que me doblaba, que me gritaba que volviera, la tomara entre mis brazos, la sacara de la casa y me llevara lejos, lejos del peligrolejos de Jacob.

Me acomodé en un tronco caído y abracé mis piernas reposando la barbilla en mis rodillas.

Sí, yo podía disimular frente a Bella y fingirme tranquilo. Pero cada vez que estaba sólo, toda esa farsa caía hecha jirones al piso. Entonces, los celos, el dolor y el temor que sentía por Jacob, se abrían paso y salían a la luz para atormentarme.

Miré con ojos ciegos la tierra húmeda debajo de las hojas durante un tiempo inmensurable. Cientos de imágenes venían a mi cabeza como una ola de diapositivas que amenazaba con enloquecerme. Primero eran imágenes sueltas e inconexas, luego comenzaron a tomar forma hasta que se convirtieron en una película bien definida de todas las ocasiones y situaciones en las que había visto a Jacob junto a Bella. Noté que mi respiración de agitaba y me obligué a respirar lentamente y con calma. Bella estaba bien; eso era lo esencial. Nada más importaba en la realidad.

Pero incluso mientras me lo repetía una y mil veces, los celos se clavaban en mí, igual que las trallas de un látigo

…Porque cada vez que recordaba la sonrisa que Jacob le dedicaba a Bella, recordaba también la sonrisa que ella le dedicaba a él.

Ellos tenían su propia relación y un lenguaje con códigos a los que yo jamás podría acceder.

Cuando sentí la primera gota de lluvia caer sobre mí, supe que era tiempo de volver. Suspiré. Lentamente me puse de pié y desanduve lo andado caminando sobre mis pasos.

La voz mental de Jacob llegó a mi cabeza antes de llegar a la linde del bosque, y mucho antes de que pudiese oírle.

Crucé los brazos sobre mi pecho, y recosté mi espalda sobre un árbol.

—Para esperarMe susurré a mi mismoNo espiar.

— ¿Puedo preguntarte algo, Bella? — Dijo Jacob, con voz seria. — ¿Qué se siente al tener un hombre lobo como tu mejor amigo? — Bella soltó una carcajada —. ¿No te pone el vello de punta? — él insistió.

—No. Si el licántropo se porta bien — Bella respondió carcajeándose aun—, es de lo más.

Jacob sonrió aliviado

… Lo contrario que yo.

—Gracias, Bella — Dijo mientras se abalanzaba sobre ella y la estrechaba en un gran abrazo.

Casi al instante, su nariz ardió y tuvo que dar un paso atrás.

Reí bajito, pero satisfecho.

—Ufél dijo mientras arrugaba su nariz dolorida. El pelo apesta más que tu habitación.

—Lo siento — Bella se disculpó.

A través de los ojos de Jacob, pude ver una chispa de intuición en su rostro. Ella comprendió en ese momento el por qué de mi risa cuando la dejé. Supongo que debí sentirme avergonzado por mi comportamiento infantil e inmaduro, pero estaba demasiado divertido viendo como le escocía la nariz al licántropoEso, anulaba cualquier vergüenza que pudiese sentir.

Qué humano me había vuelto... que infantil... ¡Que estúpido!

—Ésa es una de las muchas desventajas de salir con vampiroscomentó el licántropo resignado. Hace que huelas fatal. Aunque bien pensado, es un mal menor.

—Sólo huelo mal para ti, Jake. — Bella le explicó con esa mirada suya tan intensa.

—Mira a tu alrededor, Bella. — Él se burló.

— ¿Te vas ya?

—Está esperando a que me vaya. Puedo oírle ahí fuera.

—Oh.

—Saldré por la puerta trasera —comentó; luego, recordó algo. —Espera un minuto. Oye, ¿podrías venir a La Push esta noche? Tenemos un picnic nocturno junto a las hogueras. Estará Emily y podrás ver a Kim... Y seguro que Quil también quiere verte. Le fastidia bastante que te enterases antes que él.

El rostro de Bella se iluminó. Apreté los dientes por pura frustración. No tenía derecho de sentirme así, tantan… ¿irritado? Después de todo, debía estar agradecido de los Quileute y su manada de cánidos por haberla protegido el tiempo en que yo no estuve aquíMe estremecí ante el recuerdopero lo que uno debe sentir y lo que siente en la realidad, a veces, son dos cosas muy diferentes.

Bella le miró con aire pensativo, mientras fruncía levemente el ceño dejando expuesta esa arruguita que se formaba entre sus cejas cuando algo le preocupaba.

—Vale, Jake, la verdad es que no sé si podrá ser. Mira, las cosas están un poco tensas ahora...— Le explicó en un suspiro, mientras bajaba la mirada hacia la mano con la que retorcía un hilo suelto de su camisa.

—Venga ya,— Bufó Jacob — ¿tú crees que alguien se va a atrever con nosotros seis, con unos...?

—PreguntaréBella le cortó.

— ¿Acaso ahora también es tu guardián? — Él se burló — Ya sabes, vi esa historia en las noticias de la semana pasada sobre relaciones con adolescentes, por parte de gente controladora y abusiva y...

— ¡Ya vale! — Bella le interrumpió empujándolo a la salida —. ¡Ha llegado la hora de que el hombre lobo se largue!

Él, se carcajeó.

—Adiós, Bella. Asegúrate de pedir permiso.

Esa última frase de Jacob, hizo que realmente me sintiese avergonzado. ¿Era en eso en lo que me estaba convirtiendo? ¿en un vampiro abusivo y controlador? ¿era ese el modo en que quería que Bella me viese?.. Por supuesto que no. Yo quería ser su compañero, su amor, su protector... no su guardián o carcelero.

Cuando el licántropo puso su primer pié fuera de la casa, corrí hacia la entrada principal. Me detuve al ver un gran sobre de papel en el buzón de correos. Era la carta de aceptación de Bella a Dartmouth. Tomé el sobre, lo doblé y lo guardé dentro del bolsillo de mi chaqueta.

Caminé dentro de la cocina hilvanando en mi mente el modo de entregarle el sobre y abordar el tema de la universidad sin que se enfadara. Sería difícil, pero yo no quería perder mi esperanza.

Al entrar en la casa, un olor a sangre fresca me sobresaltó. Ciertamente no era de Bella, pero ¿qué pudo haber pasado para que ahora hubiese un cuchillo ensangrentado sobre la encimera de la cocina?

— ¿Os habéis peleado? —pregunté.

— ¡Edward! — Bella chilló, mientras corría hacia mí con una reluciente sonrisa en los labios.

—Hola, tranquilareí estrechándola. ¿Estás intentando distraerme? Funciona.

—No, no me he peleado con Jacob. Al menos no mucho. ¿Por qué?

—Me estaba preguntando por qué le habrías apuñaladodije divertido señalando el cuchillo con la barbilla. No es que tenga nada en contra.

— ¡Maldita sea! Creí que lo había limpiado todo.— rezongó mientras se apresuraba a poner el cuchillo en el fregadero.

—No le apuñalé —me explicó vertiéndole legía —. Se le olvidó que sostenía un cuchillo en la mano.

Reí.

—Eso no tiene ni la mitad de gracia de lo que había imaginado.

—Sé buen chico.

—He recogido tu correo. — Anuncié mientras sacaba el sobre de mi chaqueta y lo ponía encima de la mesa.

— ¿Hay algo bueno?

—Eso creo.Respondí cauto.

La desconfianza fulguró a través de ella. Entonces, tomo el sobre entre sus manos, lo estudió un momento con el ceño fruncido y cuando por fin leyó el remitente soltó el aire en un bufido.

— ¿Dartmouth? ¿Esto es una broma?

—Estoy seguro de que te han aceptado.Dije entusiasmadoTiene la misma pinta que el mío.

—Santo cielo, Edward, pero ¿qué es lo que has hecho?

—Envié tu formulario, eso es todo.

—Yo no soy del tipo de gente que buscan en Dartmouth, y tampoco soy lo bastante estúpida como para creerme eso.

—Pues en Dartmouth sí parecen pensar que eres su tipo.

Inspiró un largo aliento como si necesitase calmarse. Luego me miró fijamente por largo rato con aquella expresión de asombro e incredulidad que yo había visto mil veces antes en su rostro.

—Es muy generoso por su partedijo al fin. Sin embargo, me hayan aceptado o no, todavía queda esa cuestión menor de la matrícula. No puedo permitírmelo y no admitiré que pierdas un montón de dinero sólo para que yo aparente ir a Dartmouth el año próximo. Lo necesitas para comprarte otro deportivo.

—No necesito otro coche, y tú no tienes que aparentar nada —farfullé—. Un año de facultad no te va a matar. Quizás incluso te guste. Sólo piénsalo, Bella. Imagínate qué contentos se van a poner Charlie y Renée...

Sus ojos se ampliaron por un instante. No era necesario leer su mente, la imagen que se había formado en su cabeza era prácticamente visible en su retina. Pero no dejé que mi esperanza se hinchara. Bella no dejaría que su imaginación se desvordara, era demasiado obstinada como para dejarse llevar... demasiado terca.

—Sólo me planteo sobrevivir a mi graduación, Edward, y no me preocupa ni este verano ni el próximo otoño. — concluyó al fin con voz firme.

Pero yo la conocía lo suficiente como para saber que por debajo de toda esa aparente seguridad, se escondía algo más... El miedo.

La rodeé con mis brazos.

—Nadie te va a hacer daño. — Prometí —Tienes todo el tiempo del mundo.

—Mañana voy a enviar el contenido de mi cuenta corriente a Alaska. Es toda la coartada que necesito. Es más que comprensible que Charlie no espere una visita como muy pronto hasta Navidad. Y estoy segura de que encontraré alguna excusa para ese momento. Ya sabes — dijo en tono casi jocoso—, todo este secreto y darles una decepción es también algo parecido al dolor.

Apreté fuertemente los labios, reprimiendo una ola de ira que me pilló desprevenido. Bella no podía ser tan inconsciente de la decisión que estaba tomando, no podía hacer bromas sobre ella tampoco. ¿Es que no se daba cuenta de todo lo que estaba dejando?, ¿de todo lo que significaba el abandonar su humanidad?

—Es más fácil de lo que crees.Le dije incapaz de contenermeDespués de unas cuantas décadas toda la gente que conoces habrá muerto. Problema resuelto.

Se estremeció en mis brazos.

Eso me hizo reaccionar y me arrepentí de inmediato de la rudeza de mis palabras.

—Lo siento, he sido demasiado duro

—Pero sin embargo, sincero.interrumpió en tono sombrío.

Suspiré.

—Una vez que hayamos resuelto todo esto, sea lo que sea con lo que estemos tratando, por favor, ¿considerarías retrasar el momento?

—No.

—Siempre tan terca.

—Sí.

De pronto, la lavadora dio un par de golpes y luego se detuvo.

—Maldito cachivache viejo — Murmuró mientras la ponía en marcha nuevamente—. Esto me recuerda algo... ¿Podrías preguntarle a Alice qué hizo con mis cosas cuando limpió mi habitación? No las encuentro por ninguna parte.

La miré a los ojos ladeando levemente la cabeza, confundido.

— ¿Alice limpió tu habitación?

—Sí, claro, supongo que eso fue lo que hizo cuando vino a recoger mi almohada y mi pijama para tomarme como rehénbufó haciendo un mohín de disgusto. Recogió todo lo que estaba tirado por alrededor, mis camisetas, mis calcetines y no sé dónde los ha puesto.

Pero no había sido Alice quien vino por sus cosas, lo había hecho yo… ¿Por qué Alice vendría a buscar su almohada?... Y aun más extraño ¿por que limpiaría la habitación?.. Por más que le daba vueltas en mi cabeza, no le encontraba el menor sentido.

“Vino a recoger mi almohada y mi pijama” “… mis camisetas, mis calcetines” Repetí sus palabras en mi mente…

De pronto, la estela de confusión en la que estaban envueltos mis pensamientos cayó al piso dando paso a un remolino de pánico que me atravesó como un espetón.

—¿Cuándo te diste cuenta de las cosas que faltaban? — Inquirí tomándola por los hombros y mirándola fijamente a la cara.

—Cuando volví de la falsa fiesta de pijamas, ¿por qué?

—Dudo que Alice cogiera tus ropas ni tu almohada. Las prendas, que se llevaron, ¿eran cosas que te ponías... tocabas... o dormías con ellas?

—Sí. ¿Qué pasa, Edward?

—Llevaban tu olor...

Nos miramos fijamente, como si nuestras mentes se hubiesen fundido la una en la otra. Nuestros rostros lucían exactamente la misma expresión horrorizada.

—Mi visitantesusurró rompiendo el silencio.

—Estaba reuniendo rastros... evidencias... ¿para probar que te había encontrado?

— ¿Por qué?

—No lo sé.AdmitíPero, Bella, te juro que lo averiguaré. Lo haré.

—Ya sé que lo harás — Susurro.

Vi como la angustia hacía añicos su mirada, como si sencillamente se rindiese antes de comenzar a luchar, como si los muros que sostenían su fortaleza se hubiesen desmoronado sobre ella, dejándola completamente aplastada.

Lentamente, recostó su cabeza en mi pecho en un gesto que demostraba total entrega, indefensión.

El vibrar del móvil en mi bolsillo me sobresaltó.

Justo la persona con la que quería hablar — susurré al reconocer el número.

— Carlisle, yo... —intenté explicarme pero él me interrumpió.

— Edward, Alice y Jasper regresaron con tus encargos. Jasper está realmente fascinado, pero piensa que Alice se sobrepasó... como de costumbre...

— Lo comprobaré.— Le interrumpí esta vez yo — Escucha...

Tan rápido como me fue posible le expliqué lo de las prendas robadas y mi teoría al respecto. A él le gustó tan poco como a mí, pero no pudo rebatir mi teoría.

— ¿Y qué hacemos aquí parados?— Emmett gruñó junto a Carlisle. Pude oír también el sonido de las noticias en la televisión — No voy a quedarme sentado esperando a que quien quiera que esté causando todo este desastre se decida a venir aquí. Seattle no es tan grande, no tardaremos en encontrarle.

— Emmett esta decidido— Suspiró Carlisle — Seattle es un caos, pero sigo pensando que enfrentarnos sin tener la certeza de lo que encontraremos es demasiado arriesgado,— Volvió a suspirar— aunque el tiempo se nos agota.

—Quizá debería ir... — comencé, pero al ver que Bella no se reponía de su angustia aun, me interrumpí— A lo mejor no. No dejes que Emmett vaya solo, ya sabes cómo se las gasta. Al menos dile a Alice que mantenga un ojo en el tema. Ya resolveremos esto más tarde.— Le anuncié antes de cortar la comunicación.

— ¿Dónde está el periódico?

—Um, no estoy segura, ¿por qué?

—Quiero ver algo. ¿Lo tiró Charlie?

—Quizá...

Corrí hacia la calle en busca de un periódico. Aun era temprano, por lo que supuse que no todos los vecinos lo habían recogido... y tuve razón, encontré uno justo en la casa de enfrente.

La puerta de entrada aun no se cerraba cuando volví, Bella no había cambiado su posición.

Sobre la mesa de la cocina lo extendí y comencé a hojearlo. No tardé en encontrar lo que buscaba, Carlisle llevaba razón, Seattle era una zona en caos.

Leí varias veces el titular, como si tuviese la esperanza de que las palabras cambiasen mientras las releía:

«La epidemia de asesinatos continúa. La policía no tiene nuevas pistas»

El artículo mencionaba al menos siete homicidios. En uno de ellos hubo un testigo el cual declaró haber visto un muchacho escapar de la escena saltando por los tejados. Obviamente la declaración fue desestimada en el acto, ya que las construcciones en ese lugar tenían más de veinte metros de altura.

En en otro extremo de la ciudad, cerca de la costa, habían encontrado tres cadáveres totalmente calcinados, como si hubiesen sido roseados por algún tipo combustible que, extrañamente, no dejaba ningún rastro o residuo.

—Está empeorando — Bella murmuró mientras leía por encima de mi hombro.

—Están del todo descontrolados.—Concordé— Esto no puede ser trabajo de un solo vampiro neonato. ¿Qué está pasando? Es como si nunca hubieran oído hablar de los Vulturis. Supongo que podría ser posible. Nadie les ha explicado las reglas... así que... ¿Quién los está creando?

¿Los Vulturis? — Inquirió aterrada.

Ésta es la clase de cosas de la que ellos se hacen cargo de forma rutinaria, — Le expliqué apartando suavemente un mechón de cabello que caía desordenado sobre su frente y acariciando con la otra su mejilla —de aquellos inmortales que amenazan con exponernos a todos. Sé que hace poco, unos cuantos años, habrían limpiado un lío como éste en Atlanta, y no había llegado a ponerse ni la mitad de candente.— Suspiré— Intervendrán pronto, muy pronto, a menos que encontremos alguna manera de calmar la situación. La verdad es que preferiría que no se dejaran caer ahora por Seattle. Quizá les apetezca venir a echarte una ojeada si están tan cerca.

— ¿Qué podemos hacer?

—Necesitamos saber más antes de adoptar ninguna decisión. Quizá si lográramos hablar con esos jovencitos, explicarles las reglas, a lo mejor se podría resolver esto de forma pacíficaHice un mohín. Intentar razonar con un vampiro recién converso, era una tarea prácticamente imposibleEsperaremos hasta que Alice se forme una idea de lo que pasa. No conviene dar un paso si no es absolutamente necesario. Después de todo, no es nuestra responsabilidad.Añadí encogiendo los hombrosPero es bueno que tengamos a Jasper. Servirá de gran ayuda si estamos tratando con neófitos.

—¿Jasper? ¿Por qué?— Preguntó sorprendida.

Por un momento no comprendí su reacción. Pero al pensarlo mejor, recordé que, pese a la estrecha amistad que Bella mantenía con Alice, su relación con Jazz era más bien distante. Bella no conocía absolutamente nada de la vida de mi hermano.

—Jasper es una especie de experto en vampiros recientes.Le expliqué.

—¿Qué quieres decir con lo de «un experto»? — Preguntó con el rostro cargado de curiosidad.

Suspiré. La curiosidad de Bella era total y completamente insaciable.

—Tendrías que preguntárselo a él.— Reí al ver como su rostro se desfiguraba por la decepción —Hay toda una historia detrás.

—Qué desastre — Magulló.

—Eso parece, ¿a que sí? Nos cae de todo por todos lados — Gemí acariciando con el dorso de mi mano su mejilla— ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu vida sería más sencilla si no te hubieras enamorado de mí?

—Quizá, aunque sería una existencia vacía, sin valor.

—Para mí — corregí —. Y ahora, supongo... que hay algo que quieres preguntarme.

— ¿Ah, sí?

—O quizá no... Tenía la sensación de que habías prometido pedirme permiso para ir a cierta fiesta de lobos esta noche.

— ¿Me has escuchado a escondidas?— Me acusó entrecerrando los ojos.

Torcí el gesto.

—Sólo un poquito, al final.— Me defendí.

—Pues bien, no iba pedírtelo de todos modos. Me imaginaba que ya tenías bastante con toda esta tensión.

Su boca mostraba una expresión decidida. Alcé su barbilla con la mano para sostener su mirada un momento. En sus ojos, normalmente dulces, brilló una lucecita sombría al encontrarse con los míos.

— ¿Quieres ir?

—No es nada del otro mundo. No te preocupes.Aseguró haciendo un gesto desdeñoso para quitarle importancia.

—No tienes que pedirme permiso, Bella. No soy tu padre, y doy gracias al cielo por eso, aunque quizá deberías preguntarle a Charlie.

—Pero ya sabes que Charlie dirá que sí.

Asentí mientras sonreía.

—Tengo más idea que cualquier otra persona sobre cuál podría ser su respuesta, eso es cierto.

Me miró un largo rato con la perplejidad pintada en el rostro, quizá intentando medir mi reacción, o tratando de desentrañar el significado de mis palabras, o tal vez pensando el como debía responder a ellas.

—Bella. Te prometí ser razonable y confiar en tu juicio. Lo decía de verdad.— Le explique besándole en la coronilla— Si tú te fías de los licántropos, yo no voy a preocuparme por ellos.

—Guau. — Dijo sorprendida.

—Y Jacob tiene razón, — Agregué —al menos en esto; una manada de hombres lobo deben ser capaces de proteger a alguien una noche, aunque... ese alguien seas tú.

— ¿Estás seguro?

—Claro. Lo único... Espero que no te importe tomar algunas precauciones.

Frunció el ceño.

—Una, que me dejes acercarte a la frontera. Y otra, llevarte un móvil, de modo que puedas decirme cuándo puedo ir a recogerte.

—Eso suena... muy razonable.— Consintió para mi sorpresa.

—Excelente.— Sonreí satisfecho.

Bella telefoneó a Jacob para contarle que asistiría a su fiesta. Él estaba tan feliz, que no puso ni un tipo de objeción por mis medidas de seguridad. Nos reuniríamos en la linea divisoria entre nuestros territorios a las seis.

Pero la felicidad de Jacob, no era nada comparada con la alegría que sentía Charlie. Estaba tan pagado de si mismo, que incluso olvidó su rutina de "Odio a Edward" y se mostró casi cordial.

— Voy a devolver mi moto a la Push— Bella me contó en un aparte — No me apetece venderla y me parece que lo justo es que Jake se quede con ella, es un modo de pagarle por su trabajo.

Asentí sin emitir palabra.

Había telefoneado a Jazz mientras Bella hablaba con Charlie. Me había descrito con lujo de detallescasi con reverenciala moto que les encargué a él y a Alice que compraran.

Bueno... Supuse que ahora que Bella había decidido deshacerse de la suya, la mía quedaría aparcada para siempre en un rincón del garaje en mi casa.

— ¿Qué es eso? — Bella preguntó en un jadeo cuando llegamos a casa y vio la flamante Triumph Daytona 675 aparcada junto a su moto.

—Nada

—Pues nada no es exactamente lo que parece.—presionó.

—Bien,— comencé con voz monocorde y adquiriendo una postura absolutamente desinteresada — no sabía si ibas a perdonar a tu amigo o él a ti, y me pregunté si alguna vez querrías volver a montar en moto. Como parecía ser algo que te hacía disfrutar, pensé que podría ir contigo... — Encogí los hombros— si tú quisieras.

Se quedó completamente quieta, y no levantó la vista en un tiempo largo, sin embargo, pude notar que un caleidoscopio de emociones pasaban por su rostro, tan rápidamente, que me fue casi imposible el leerlas todas dejando sólo una clara al final... la tristeza... ¿el cómo había llegado a ella?, yo no logré entenderlo, pero pareció que algo en mi motocicleta le hubiese afectado.

—No creo que pueda seguirte el ritmo — musitó.

Tomé su rostro para levantarlo y lograr así leer sus ojos.

—Seré yo quien me mantenga al tuyo, Bella.— Susurré intentando levantar con un dedo la comisura de su boca.

—No te vas a divertir nada.

—Claro que sí, siempre que vayamos juntos.

—Edward, si pensaras que voy demasiado rápido o que pierdo el control de la moto o algo por el estilo, ¿qué harías?

Me petrifiqué. No por que su pregunta fuese de difícil respuesta, era claro lo que yo haría.

Lo que me paralizó en el momento, fue el darme cuenta de que no era el hecho de montar en moto lo que Bella disfrutaba en realidad... Esto era algo que estaba completamente ligado a Jacob Black, era una de las cosas que los unía... Era esa parte de su vida a la que yo no podía acceder.

—Esto es algo que tiene que ver con Jacob. Ahora lo veo.— Admití mientras le ofrecía una sonrisa.

—Es sólo que, bueno, yo no le hago ir más lento, al menos no mucho, ya sabes. Puedo intentarlo, supongo...

—No te preocupes por eso — Reí al ver el esfuerzo que hacía por no herir mis sentimientos—. Vi cómo la admiraba Jasper. Quizá ha llegado la hora de que descubra una nueva forma de viajar. Después de todo, Alice ya tiene su Porsche.

—Edward, yo...

La interrumpí con un beso. No quería que se angustiara aun más.

—Te he dicho que no te preocupes, pero ¿harías algo por mí?

—Lo que quieras .

Aproveché su promesa apresurada y caminé hacia la estantería del garaje, en donde Alice había guardado el casco y la chaqueta que le había encargado comprar junto con la moto.

Bella estrechó tanto los ojos, que se volvieron unas pequeñas ranuras cuando reconoció los artículos en mis manos.

— ¿Por favor? — Le rogué extendiéndole el casco.

—Voy a tener un aspecto estúpido.— Gruñó mientras lo recibía.

—Qué va, vas a estar estupenda. Tan estupenda como para que no te hagas daño — Puse mis manos a ambos lados de su cara, obligándola a mirarme a los ojos —. Hay cosas entre mis manos en este momento sin las cuales no puedo vivir. — Susurré — Me gustaría que las cuidaras.— Agregué besándola en la frente.

—Vale, de acuerdo. ¿Y cuál es la otra cosa?

—Es una cazadora de motorista.ReíTengo entendido que el azote del aire en la carretera es bastante incómodo, aunque no me hago del todo a la idea.

Entre suspiros se acomodó el casco en la cabeza. Luego, le ayude a ponerse la cazadora.

Es cierto que las prendas las encargué pensando sólo en su seguridad. Pero he de admitir que Alice tenía un gusto impecable para todo lo que refiriese a ropas. Mientras subía la cremallera, no pude evitar notar que la chaqueta se amoldaba al cuerpo de mi novia, tal y como lo haría una segunda piel.

—Sé honesto, ¿a que estoy horrible?

¿Acaso estaba loca? Tuve que dar un paso atrás para poder admirarla en todo su esplendor.

— ¿Tan mal?

—No, no, Bella. La verdad es que...No podía encontrar, ni en esta lengua, ni en ninguna de las que conocía una palabra que lograra describir con claridad lo que tenía frente a mí. Y lo que me hacía sentir...

— Estás... sexy.

—Vale.— Suspiró escéptica.

—Muy sexy, en realidad.

—Lo estás diciendo de un modo que me lo voy a tener que poner más veces... pero no está mal. Llevas razón, queda bien.

No pude reprimirme más y me abalancé sobre ella estrechándola en un fuerte abrazo.

—Eres tonta. Supongo que es parte de tu encanto. Aunque, he de admitirlo, este casco tiene sus desventajas.

Con una urgencia casi incontenible, se lo quité, para besarla.

Jacob nos esperaba recostado sobre el lateral de un artefacto rojo, que difícilmente podría llamarse un auto.

Supe por sus pensamientos que llevaba bastante tiempo ahí. Por un lado víctima de una ansiedad irreprimible y por otro, necesitaba estar preparado ya que estaba totalmente decidido a controlar su genio, pasara lo que pasara..

Con pesar tuve que admitir que mientras más conocía al licántropo, más entendía el por qué Bella se había unido tanto a él.

—Llámame cuando quieras regresar a casa y vendré.Le pedí mientras aparcaba a unos metros de la línea.

—No tardaré mucho.

Rogué al cielo que su promesa fuese una verdad.

Me tomé mi tiempo en bajar la moto y las nuevas prendas de Bella del maletero del auto. Jacob nos esperaba tras su mascara de serenidad. Pero yo podía ver el como su paciencia se estiraba y doblaba sobre sí misma para volver a estirarse después.

— ¿Lo tienes todo? — Pregunté conteniendo un nudo en el estómago que me arañaba como los zarpazos de un tigre.

—Sin problemas — Aseguró.

Suspiré y me incliné para besarla.

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiese procesar lo que estaba haciendo. Toda la urgencia, todo el temor, toda la angustia que sentía se transformó en una pasión se que extendió por cada una de las fibras de mi cuerpo. Por un segundo, todo se desdibujó a mi alrededor, no podía ver, oír o sentir nada más que a Bella. No me importó la audiencia, no me importó si el mundo entero nos estaba viendo, por que pasara lo que pasara, en ese momento ella y yo eramos un mismo ser.

Cuando el beso terminó, la respiración de Bella era entrecortada, como la de Jacob... aunque los motivos eran diferentes.

Cuando una risa de cruel satisfacción se escapó de mis labios, Bella me miró confusa.

Adiós — me despedí soltándola—. ¡Cómo me gusta esa cazadora!

En cuanto el contacto con su piel cesó, la angustia comenzó a zumbar en mi interior con un vuelo persistente.

Ahora no... sólo un poco másPensé buscando desesperadamente dentro de mí, los últimos resquicios de fuerza.

Vi a Bella empujando su moto hacia el licántropo, con el cabello flotando alrededor de su cara y hombros como un halo. Su suave y delicada piel, el castaño profundo de sus ojos, su esbelta y frágil figura se alejaba de mí con cada paso.

Justo antes de cruzar la línea divisoria, ella se volvió a mirarme y un espasmo de terror puro me sacudió con furia, estremeciéndome, pero recompuse mi expresión en menos de una una milésima de segundo, demasiado rápido como para que ella lo notara.

La seguí con la mirada hasta que cruzó la línea y el licántropo se abalanzó para abrazarla.

Eso era mucho más de lo que yo podía soportar. Subí al auto y salí tan rápido como pude de ahí. El pánico nubló mi razón, mientras las ruedas chirriaban sobre la carretera.







No puedo enumerar todas las formas de dolor con las que lidié. Dolores abdominales muy agudos que lentamente subian por el cuerpo hasta explotar en la sangre el factor de augurios; dolores corporales que arañaban los musculos para liberarse de la carne; dolores febriles que mordían mi boca para dejarme derrotada en una cama húmeda. Finalmente, tuve los peores dolores, esos que te dejan muda, fría, sóla, impotente. Ese dolor aun está conmigo, lo llevo en la espalda como un lastre permanente.
No sé si he vuelto... no sé si estoy purgando aun dolor o estoy comenzando a sanar...
Sólo sé que necesitaba darles las gracias por esperar
Un beso